VLAD EL ÁNGEL DE LA TRISTEZA (66)
Veo a aquella mujer,
triste y solitaria,
triste y solitaria,
quiero conocerla,
entonces
entonces
rodeo con mis garras
su carne temblorosa,
con dos navajas puntiagudas
penetro el delicado cuerpo,
su cálido aliento se sofoca,
los elixires brotan de su carne
magra,
que entintan mis labios
de agua azucarada,
siento la deliciosa miel
expandirse por mi boca,
y renueva mi existencia.
El cuerpo de la niña cae
manchado en tinta roja,
y observo
el monótono fluir de las
últimas gotas de sangre,
se ha detenido su cálido corazón,
en silencio,
la he matado con mi amor,
la muerte existe en mis alas.
Hace siglos que no veo mi rostro,
en el pálido espejo,
no se sí soy un ángel o demonio,
pero muero eternamente
sediento de existencia,
ya estoy asqueado de vivir
sólo para matar,
pero no lo puedo evitar
soy una despreciable sombra,
un ángel de dolor
que acecha entre la niebla,
Por el día duermo
y por la noche lloro,
esperando,
la hora de dormir eternamente,
pero esta maldición no se irá jamás.
