LA HORA FUNEBRE (130)
la noche huele a incienso,
y la virgen de la muerte
se viste de inmaculado blanco
mientras miradas hundidas de silencio
contemplan un nocturno funeral,
amargas lágrimas caen en los
charcos,
entre criptas de mármol
y ángeles petrificados,
monumentos deformados
por la soledad,
ahí se encuentra un solitario
ataúd en el lodo,
bajo una torrencial lluvia fantasmal,
sobre la fría loza un clavel blanco,
sus pétalos marchitos
muestran su significado mortal,
algún día tendremos
que emprender el vuelo
como cuervos solitarios,
para dejar el dolor atrás;
en este jardín occiso,
todos tenemos un lugar
fúnebre a la eternidad,
todo tiene un comienzo y un final
esa es nuestra realidad abismal.
