No sirven para nada las estrellas, ni para iluminar las sombras que habitamos, esas sombras son nuestros eclipses angustiados, que se desangran al paso de los años, aneurismas que explotan en mi cabeza, y ahi me encuentro en el infierno, lamentando mi inexistencia descarnada, como anima gris transparente sin remedio, que vaga cegada y sin un rumbo fijado, intentando no caer en una profunda oquedad que me acongoja, esta es la vida, el más recóndito sendero muy malditamente insólito, una horrible desesperanza me devora,me asfixia, en mi demente locura como un conjuro extraño.